Es la enfermedad neurológica más frecuente en nuestro país. Afecta más a mujeres que a hombres y como el pico de incidencia se produce en plena edad laboral, supone una pérdida media de 13 días de trabajo al mes. Según la OMS es la sexta dolencia más discapacitante. En el arsenal terapéutico ya existen fármacos preventivos, pero están muy restringidos.

Todos conocemos a alguien con migraña, ¿verdad? Y eso que quienes la sufren no son muy dados a mostrar su dolencia. Detrás de esa decisión hay, sobre todo, incomprensión y desconocimiento. Digámoslo, desde el principio, bien alto: la migraña NO es un dolor de cabeza, es mucho más.

De nada sirven los consejos bienintencionados de quien se acerca a una persona con migraña. «Esto va más allá, explica la neuróloga Sonia Santos, del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza- el ataque de migraña realmente rompe la vida del paciente y el ojalá fuera solo dolor, incluso durante el ataque, porque muchos pacientes les molesta la luz, les molestan los ruidos, tienen náuseas, tienen vómitos. Imaginad que estáis conduciendo en la autopista y empezáis con aura visual y empezáis a no ver la mitad derecha de la autopista».

Más de un millón y medio de españoles tienen migraña más de quince días al mes

Existen varios tipos de migraña. Tenemos la de baja frecuencia, cuando las crisis se repiten menos de una semana al mes, la episódica, que se produce entre 8 y 14 días al mes y la crónica, donde el malestar se prolonga durante más de cuatro horas al día y aparece más de quince días al mes. Afecta más a las mujeres que a los hombres, en una proporción de tres a uno y aunque el pico de incidencia se produce en el entorno de los 30 años, la migraña puede aparecer a cualquier edad.

De hecho se calcula que entre el 7 y el 9% de los niños tienen crisis migrañosas y entre un 1 y un 2% tienen migraña crónica. A estas edades afectan igual a los niños que a las niñas y es alrededor de los 10-12 años, cuando llega la primera regla, cuando las curvas se separan aumentando las de las chicas. Y es que las hormonas femeninas tienen mucho que decir. Dos de cada 10 mujeres tienen migraña durante la menstruación. Y luego, en la menopausia, alrededor del 10% de las mujeres debutan con migraña y las que ya tenían crisis, notan un empeoramiento.

La migraña, remarca la doctora Santos, «es la segunda causa de años vividos con discapacidad, la primera en mujeres por debajo de los 50 años. Y realmente lo importante también es que la migraña supone una carga económica muy importante en todos los países, porque realmente afecta sobre todo al hombre y a la mujer en plena edad laboral y supone una pérdida de 13 millones de jornadas laborales al año».

Además del ámbito profesional, la migraña impacta en el personal. Lo contaba, gráficamente, el doctor Rogelio Leira, jefe de la Unidad de Cefalea del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, en el último seminario Lundbeck sobre migraña: «A la migraña le va todo mal. A la migraña, por concepto, le va mal hacer mucho ejercicio y hacer poco, le va mal comer mucho, comer poco, dormir mucho, dormir poco. Le va mal el estrés, pero el estrés en sentido positivo o negativo. Yo siempre lo resumo así: a la migraña le va igual de mal ir a la boda que al funeral, igual».

No recuerdo un solo día de mi vida sin dolor
Por eso la Asociación de pacientes, AEMICE y los propios afectados, como Marina, insisten en que la migraña no es un dolor de cabeza. Marina tiene 33 años. En ella la migraña debutó con 6 años. Cuenta que la enfermedad le ha impedido, por ejemplo, improvisar planes. No ha podido estudiar todo lo que hubiera querido. Ha tenido que aprender que su vida normal es diferente. «Yo no recuerdo un día de mi vida sin dolor -reconoce- Tengo un aura bastante incapacitante. Yo he llegado a hacer exámenes ciega de un ojo». Y su experiencia es poderosamente similar a la que han vivido muchos pacientes con migraña.

Una de las claves de la migraña está en la prevención. Los pacientes tienen que empezar a medicarse en cuanto empieza la crisis y hay indicadores previos que dan pistas sobre la llegada de un ataque. Existen factores que o bien son desencadenantes o bien se presentan como síntomas previos. Por citar algunos: hiperactividad, somnolencia, fotofobia, fatiga, hambre de cosas dulces, molestia ante los olores, rigidez en la nuca…

Hay causas hormonales, pero también ambientales como cambios atmosféricos, altitud… Y síntomas también de pre aura. El 30% de los pacientes migrañosos tienen crisis con aura, una alteración neurológica que produce destellos visuales y puntos ciegos.

Nos quedamos cortos en tratamientos preventivos para pacientes que los necesitan
¿Qué arsenal terapéutico disponemos para mejorar la vida de estos pacientes? Empezamos por la primera de las dificultades, el diagnóstico. Aunque cada vez hay mayor sensibilidad, muchos de los resultados hablan sólo de cefaleas, de dolores de cabeza intensos, se queja el doctor Pablo Irimia, coordinador del grupo de cefaleas de la Sociedad Española de Neurología y neurólogo de la Clínica Universitaria de Navarra: «La proporción de pacientes que realmente están diagnosticados es muy pequeña, no llega al 40%. Y el porcentaje de pacientes que deberían estar recibiendo tratamiento preventivo para no tener tantas crisis de migraña es muy pequeño. Es alrededor de un tercio de pacientes de los que deberían estar siendo tratados.».

Lo primero que reciben los pacientes con migraña son antiinflamatorios. Pasado ese filtro empiezan a aparecer otras maneras de actuar que les suenan a casi todos los migrañosos, por ejemplo la toxina botulímica, -con pinchazos, hasta 30 en la frente y en el cuello cada 3 meses- los fármacos monoclonales, los triptantes, los gepantes y la última novedad, los medicamentos preventivos, «de momento muy restrictivos -cuenta el doctor Irimia- el paciente puede tener acceso al fármaco si lo paga, pero la financiación sólo se va a hacer a aquellos pacientes que tienen más de ocho crisis de migraña al mes y aquellos pacientes que han fallado al menos a tres fármacos preventivos. Y en el caso de la migraña crónica, uno de ellos tiene que ser la toxina botulínica».

Recordemos además que un tercio de los pacientes no responden a los tratamientos disponibles. Todo un reto para la investigación.

 

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