La Catedral de Badajoz se llenó para celebrar el Jubileo de las personas con discapacidad, con la participación de usuarios y cuidadores/trabajadores del centro «Ntra. Sra. de la Luz» (Badajoz) y «La Providencia» (Ribera del Fresno), ambos regentados por instituto secular «Hogar de Nazaret», de Aprosuba 3, ALCER y de otras asociaciones y movimientos que trabajan con personas con discapacidad, como es el caso de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes. Además, también participaron alumnos del colegio «Santa Teresa», en Badajoz, del Hogar de Nazaret.
La Eucaristía, presidida por el vicario de Evangelización, Francisco José Andrades, y concelebrada por el párroco de Ribera del Fresno, José María Redondo, contó con una participación muy activa de personas con discapacidad: desde proclamar las lecturas hasta ayudar en el altar como monaguillos. La música en la celebración corrió a cargo del coro del centro «Ntra. Sra. de la Luz».
En la homilía, Francisco José Andrades recordó que «Dios nos quiere a todos por igual» y «Jesús ya nos dijo que los preferidos de Dios son los rechazados por la sociedad». Además, afirmó que con esta celebración «damos gracias a Dios porque nos quiere con nuestros dones y cualidades».
El Arzobispo de Mérida-Badajoz, que llegó al finalizar la Eucaristía debido a un contratiempo, pidió que todos los derechos de las personas con discapacidad sean respetados y les recordó que nos están solos, «la Iglesia os acoge y acompaña y quiere caminar con vosotros acompañandoos en la fe» para que puedan recibir todos los sacramentos como cualquier cristiano.
D. José tuvo palabras de agradecimiento y aliento para los educadores y cuidadores por la importante labor que llevan a cabo con estas personas: «cuidándolos a ellos es a Cristo a quien cuidáis» y agradeció la presencia en esta eucaristía de familiares de personas con discapacidad. Por último, afirmó que «ivimos en una sociedad que con frecuencia margina a los que son diferentes. Esto lleva a la marginación de los más desfavorecidos. Esto no es cristiano, no es evangélico. Es hora de romper muros y de que hagamos visible el mundo de las personas con discapacidad. Es hora de escuchar el “grito” del mundo de las personas con discapacidad que, en muchas ocasiones, clama al cielo. Es hora de apoyar este mundo con todos los medios posible. Es hora que la sociedad les ofrezca una educación inclusiva, de forma que puedan prepararse adecuadamente para participar plenamente en la sociedad. Es hora de hechos y no de promesas. La persona con discapacidad no pide limosna, pide y, justamente, exige que se respeten sus derechos como personas». (TEXTO COMPLETO)
La celebración terminó con el rezo de la oración del Jubileo.
Con este Jubileo, la Delegación episcopal para este sector pastoral ha querido dar protagonismo, participación plena, a las personas con distintas discapacidades en la vida de nuestra archidiócesis.



