JUAN FRANCISCO LLANO – El telón del Festival de Teatro Memorial Ana María Báez se alzó en Ribera del Fresno con un gesto que fue, antes que artístico, profundamente humano. Milagros y Carlos, miembros de Batilo Teatro, abrieron la velada con un homenaje sentido a quien da nombre al certamen: Ana Mari, mujer vinculada al grupo desde la costura callada, el atrezo generoso y la presencia constante entre bambalinas.

“La infancia de Ana Mari fue como la de tantas mujeres de su época”, evocaron desde el escenario, recordando su niñez en un cortijo, la enseñanza doméstica de su madre Francisca —quien le inculcó la lectura y la escritura— y su vocación autodidacta que la llevó, ya jubilada, a matricularse en el aula de adultos de Ribera.

Lectora incansable, coqueta y amante de la moda, su vinculación con el teatro se remonta a dos décadas atrás, cuando su hijo Rafa comenzó a actuar en Batilo.

Desde entonces, cosió vestuarios para montajes como La tía de Carlos o Anacleto se divorcia, aportó atrezo —inolvidable aquella silla de La casa de Bernarda Alba— y participó como figurante en Batilo, el poeta de las luces, con sus inseparables bolillos.

También el carnaval llevó su impronta: disfrazaba el bar La Parada y a cuantos trabajaban en él, y confeccionaba el tipo del cuarteto con la misma entrega con la que afrontaba cada proyecto. “Se marchó disfrutando de la pasión de leer un buen libro, pero otra de sus pasiones era el arte del teatro. Hagamos que sonría viéndolo allá donde esté”, concluyeron, antes de que el aplauso unánime del público sellara la dedicatoria.

Lorca sobre las tablas

La apertura artística del memorial corrió a cargo de Yerma, de Federico García Lorca, dirigida por José Miguel Suárez Alba ‘Chemi’, fundador y alma escénica de Batilo Teatro. “Un recuerdo grande para Ana, que se lo merecía”, expresó el director al finalizar la representación.

Estrenada el 29 de diciembre de 1934 en el Teatro Español de Madrid —con Margarita Xirgu en el papel protagonista—, Yerma forma parte de la trilogía trágica lorquiana junto a Bodas de sangre. Subtitulada Poema trágico en tres actos y dos cuadros, la obra retrata la frustración de una mujer estéril en la España rural de los años treinta, atrapada entre el deseo de maternidad y los rígidos convencionalismos sociales.

En la versión de Batilo, María Miranda García encarna a Yerma con una intensidad sostenida que le ha valido numerosos reconocimientos en certámenes de teatro amateur.
Su interpretación, fiel al texto original, transita desde la esperanza inicial hasta la desesperación final con un dominio orgánico de la voz y el gesto, sostenida por la dirección precisa de Suárez Alba. Antonio Flores Coleto, como Juan, y Pedro González Sayabera, en el doble papel de Víctor y el ‘macho’, completan el triángulo dramático de una tragedia que se desarrolla entre la aridez simbólica y la opresión moral.

La puesta en escena apuesta por el minimalismo: simetrías calculadas, un árbol seco como metáfora de esterilidad y un espacio que alterna alturas y niveles para reforzar la tensión dramática. El agua y la tierra, utilizados como elementos simbólicos, subrayan el conflicto central entre fecundidad y sequedad vital. La escenografía, diseñada por el propio director, y el vestuario, obra de Juanjo Gragera Fuentes, acompañan una propuesta que conjuga respeto al texto lorquiano y sensibilidad contemporánea.

Trayectoria consolidada

Fundado en 2003 en Ribera del Fresno e integrado en FATEX desde 2009, Batilo Teatro cuenta con más de veinte años de trayectoria y una veintena de montajes a sus espaldas.

Yerma ha sido uno de sus proyectos más laureados, con premios a mejor obra, dirección y actriz principal en distintos certámenes regionales y nacionales, consolidando al grupo como referente del teatro amateur extremeño.

El festival continuará con una programación diversa que incluye propuestas de distintos municipios: Girasoles, de Palique Teatro (Hornachos), el 7 de marzo; Una hora de emoción, de Lucerna Teatro (Fuente de Cantos), el día 14; La huella, de Teatro del Agua (Villafranca de los Barros), el 20; Hamlet, de Apeihron Theatron  (Bodonal de la Sierra), el 21; y Ya es la hora, de Salón Abierto (Puebla del Prior), el 28 de marzo.

Así, memoria y escena se entrelazan en este memorial que no sólo reivindica el valor del teatro como expresión artística, sino también como espacio de vecindad. El aplauso inaugural —“Gracias, Ana Mari, por todo lo que nos regalaste”— resonó como síntesis de una noche donde la cultura se convirtió, una vez más, en acto de gratitud colectiva.