Tres años después de su inscripción oficial, esta práctica cinegética ancestral afianza su legado en la región como símbolo de identidad y sostenibilidad, manteniendo viva una tradición con más de cuatro mil años de historia.
Lo que para muchos podría parecer una estampa medieval es, en Extremadura, una realidad plenamente integrada en el siglo XXI. Se cumplen tres años desde que la Junta de Extremadura declarara la cetrería como Bien de Interés Cultural (BIC) con carácter de Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento que vino a oficializar lo que generaciones de cetreros extremeños han defendido siempre: que su arte constituye un puente vivo entre el pasado más remoto y el futuro sostenible de la región.
Lejos de tratarse de una reliquia del pasado, la cetrería goza hoy de una salud envidiable en el territorio extremeño, consolidándose como una de las señas de identidad cultural más singulares y fascinantes de la comunidad autónoma.
Un legado con más de cuatro mil años de historia
Los orígenes de la cetrería se remontan a más de 4.000 años, situándose en las vastas estepas de Asia Central. Desde allí, esta práctica se expandió a través de rutas comerciales y culturales hacia Oriente Medio y Europa, dejando constancia de su presencia en petroglifos hallados en Kazajistán y en bajorrelieves de la antigua Siria.
Con el paso de los siglos, la cetrería se convirtió en una actividad distintiva de la nobleza medieval europea, símbolo de estatus y refinamiento. Sin embargo, su verdadera fortaleza ha residido en su transmisión ininterrumpida de generación en generación, adaptándose a cada época sin perder su esencia.
En el ámbito internacional, la declaración de la UNESCO en 2010 que reconoció la cetrería como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad —con España como uno de los países impulsores— puso de manifiesto su valor universal y su dimensión cultural compartida.
Extremadura: territorio natural de la cetrería
En Extremadura, esta tradición milenaria encontró un escenario idóneo en sus extensas dehesas, sus cielos abiertos y su rica biodiversidad. El vínculo entre el ser humano y aves rapaces como el halcón peregrino o el azor común se ha mantenido vivo gracias al profundo conocimiento del entorno y al respeto por el equilibrio natural.
La declaración como BIC por parte del Gobierno autonómico no solo supuso un reconocimiento simbólico, sino también una herramienta de protección y promoción. Desde entonces, asociaciones y clubes de cetreros han intensificado su labor formativa, divulgativa y de colaboración con instituciones públicas, reforzando el tejido cultural y social vinculado a esta práctica.
Mucho más que caza: un compendio de saberes
La cetrería es un complejo sistema de conocimientos que abarca técnicas de adiestramiento, comprensión etológica de las aves rapaces, lectura del paisaje y manejo sostenible del medio natural. Incluye, además, un rico vocabulario propio y una artesanía especializada para la elaboración de capirotes, perneras, pihuelas y señuelos, piezas únicas que combinan funcionalidad y tradición.
Esta dimensión artesanal y lingüística constituye una parte esencial del patrimonio inmaterial que ahora goza de protección oficial, garantizando su transmisión a las nuevas generaciones.
Tradición y sostenibilidad en el siglo XXI
Lejos de permanecer anclada en el pasado, la cetrería ha demostrado una notable capacidad de adaptación a los retos contemporáneos. Los conocimientos acumulados por los cetreros durante siglos resultan hoy fundamentales en proyectos de conservación de especies amenazadas. Los programas de cría en cautividad y reintroducción han sido claves, por ejemplo, en la recuperación del halcón peregrino en distintos puntos del mundo.
Asimismo, la cetrería desempeña un papel relevante en el control biológico y la gestión ambiental. Su aplicación para el ahuyentamiento de aves en aeropuertos contribuye a garantizar la seguridad aérea, mientras que en entornos agrícolas ayuda a proteger cultivos de forma ecológica y sostenible, reduciendo la necesidad de métodos invasivos o contaminantes.
Identidad, cohesión y futuro
Tres años después de su declaración como Bien de Interés Cultural, la cetrería en Extremadura no solo ha reforzado su prestigio institucional, sino que ha consolidado su papel como elemento vertebrador de identidad y cohesión social en el medio rural.
En una región profundamente ligada a la naturaleza y a sus tradiciones, la cetrería simboliza el equilibrio entre patrimonio y modernidad, entre respeto por el pasado y compromiso con el futuro. Es, en definitiva, un arte milenario que sigue volando alto en los cielos extremeños, demostrando que las tradiciones auténticas no se conservan en vitrinas: se practican, se comparten y se transmiten.
Con este reconocimiento y el respaldo social e institucional, Extremadura reafirma su compromiso con la protección de su patrimonio cultural inmaterial, asegurando que este legado ancestral continúe vivo, dinámico y plenamente vigente en las generaciones venideras.



