El estudio, llevado a cabo en 151 pacientes del servicio de Nefrología del Hospital Virgen del Puerto de Plasencia, ha logrado identificar algunos genes relacionados con esta enfermedad que podrían ayudar a establecer tratamientos preventivos

 

La enfermedad renal crónica está considerada un grave problema de salud a nivel mundial, la padecen alrededor de un 10% de las personas en todo el mundo y es un factor de riesgo cardiovascular emergente con graves consecuencias sociales y económicas en los sistemas de salud. Esta dolencia se describe como una anomalía persistente (que dura más de 3 meses) de la función renal y su progresión tiene un impacto significativo en la calidad de vida de los pacientes, en cuyos estadios más avanzados requieren de diálisis o trasplante de riñón.

Actualmente la prevalencia de esta enfermedad está aumentando debido a dos causas fundamentales, la incidencia de la diabetes mellitus y de la hipertensión arterial, sumado al envejecimiento de la población. Por tanto, la identificación temprana de pacientes susceptibles de desarrollar enfermedad renal crónica es de gran importancia para disminuir la progresión de la enfermedad. Este es el objetivo principal del estudio, llevado a cabo por investigadores pertenecientes al Instituto Universitario de Investigación Biosanitaria de la Universidad de Extremadura (INUBE) y el personal médico del Servicio de Nefrología del Hospital Virgen del Puerto de Plasencia.

“En conversación con los médicos, estos se preguntaban por qué había pacientes que, en cuanto a los estadios de la enfermedad, permanecían estables y controlados durante mucho tiempo, incluso años, y sin embargo existían otros que evolucionaban muy rápido, cuya enfermedad renal se agravaba exponencialmente siguiendo los mismos tratamientos. De ahí surge la idea de buscar causas genéticas que puedan estar implicadas en esto”, explica Pedro Dorado, del grupo de Investigación Clínica y Traslacional en Farmacogenética y Medicina Personalizada (INUBE) e investigador principal de este estudio.

Existen evidencias que muestran que ciertos genes son los responsables de que se produzcan ciertas sustancias químicas en el organismo llamadas eicosanoides. Estas sustancias juegan un papel importante en la regulación de la presión arterial y, por tanto, podrían contribuir al desarrollo de hipertensión y daño renal. El objetivo del estudio llevado a cabo por los investigadores de INUBE, fue evaluar si los polimorfismos de los genes CYP2C8, CYP2C9, CYP2J2, CYP4F2, CYP4F11 y EPHX2 están relacionados con la progresión de la función renal en un grupo de pacientes con hipertensión arterial.

“Los polimorfismos son alteraciones o cambios que tenemos en los genes unas personas respecto a otras. Esos cambios pueden tener una repercusión funcional o no, por ejemplo, en el control de los niveles de inflamación en el cuerpo. Así que lo que buscamos es evaluar la presencia de estas sustancias químicas en los diferentes genotipos y relacionarlos con el progreso de la enfermedad en cada paciente o grupo de pacientes”, aclara el investigador. “Como resultado, encontramos que algunos de los polimorfismos genéticos evaluados presentaron un mayor riesgo de progresión de la enfermedad renal, incluso 6 veces mayor en los portadores de algunas de estas variantes genéticas.”

Para la consecución del objetivo principal planteado, se incluyeron en el estudio 151 pacientes del Servicio de Nefrología del Hospital Virgen del Puerto de Plasencia con diagnóstico de hipertensión arterial, a los que se les realizó un seguimiento durante dos años. El estudio se realizó con los pacientes a cargo del nefrólogo Miguel Ángel Suarez Santisteban.

Por tanto, como conclusión principal, se ha encontrado un mayor riesgo de progresión de la función renal asociado a los polimorfismos rs3890011 y rs9332982 del gen CYP4A11 y rs41507953 y rs1042032 del gen EPHX2, que podrían servir como biomarcadores para mejorar el abordaje clínico destinado a evitar o retrasar, en pacientes con enfermedad renal crónica, el avance de la enfermedad hacia la etapa terminal, en la que necesitarían diálisis o trasplante de riñón.

“Si tenemos genotipados a los pacientes, es decir, si tenemos identificadas sus particularidades genéticas, podremos prestar una especial atención a aquellos con un alto riesgo de progreso de la enfermedad. Por ejemplo, aumentando las citas médicas o revisando el tratamiento para preservar la calidad de vida de los pacientes”, concluye el investigador.

Por último, hay que destacar que este es el primer estudio en humanos en el que se ha evaluado la relación entre la progresión de la función renal alterada y diferentes polimorfismos genéticos. El estudio es parte de un proyecto financiado por la Junta de Extremadura y los Fondos FEDER, perteneciente al V Plan Regional de I+D+i.