Greenpeace ha advertido de que prolongar la actividad de la central nuclear de Almaraz tres años más allá del calendario de cierre pactado entre el Gobierno y las compañías eléctricas supondría un sobrecoste superior a 3.800 millones de euros para los consumidores, además de frenar el desarrollo de las energías renovables y aumentar las emisiones contaminantes.
La organización ecologista presentó estas conclusiones durante un acto celebrado este martes dentro de la campaña conjunta ‘¿Alargar las nucleares? No, gracias’, impulsada junto a Ecologistas en Acción y Adenex, en el que se analizaron las consecuencias económicas, energéticas y ambientales de una posible prórroga de la planta extremeña.
El evento, presentado por Óscar Manuel Alonso, contó con la participación telemática del director de la Cátedra de Transición Energética de la Universidad Rey Juan Carlos, Eloy Sanz, así como con la presencia de la representante del Foro Extremeño Antinuclear, escritora y activista Carmen Ibarlucea; Julia Galván, portavoz de Ecologistas en Acción, y el coordinador territorial de Greenpeace en Extremadura, Luis Berraquero.
Un informe sobre el futuro energético de Almaraz
Durante el encuentro se dio a conocer el informe “Cierre nuclear y transición energética: el caso de Almaraz”, elaborado por los investigadores Eloy Sanz y Víctor García, de la Universitat Politècnica de Catalunya.
El estudio realiza un análisis comparativo entre mantener la central operativa más allá de su fecha prevista de cierre y cumplir con el calendario actual de clausura. Según Greenpeace, los resultados evidencian que la prolongación de la actividad nuclear no solo implicaría riesgos innecesarios, sino también un impacto económico negativo para la ciudadanía.
La organización advierte además de que este coste podría incrementarse en un contexto de crisis energética internacional derivada de conflictos geopolíticos, lo que aumentaría la volatilidad del mercado eléctrico.
Un “dinosaurio energético” incompatible con el nuevo modelo eléctrico
Las entidades organizadoras señalaron que la central de Almaraz, la más antigua del parque nuclear español, se ha convertido en símbolo de un modelo energético que consideran obsoleto.
Durante el acto se comparó la instalación con un “dinosaurio energético”, incapaz de adaptarse a un sistema moderno basado en la flexibilidad necesaria para integrar energía solar, eólica e hidráulica.
El responsable de la campaña nuclear de Greenpeace, Francisco del Pozo, defendió que prolongar su funcionamiento supone apostar por una tecnología “cara, peligrosa y poco adaptable al presente y al futuro energético”.
Según el informe, mantener Almaraz en funcionamiento impediría liberar espacio en el sistema eléctrico para nuevas infraestructuras renovables y de almacenamiento. En concreto, se estima que entre 2026 y 2033 se dejaría de instalar alrededor de un 5 % de nueva potencia renovable, además de frenar inversiones valoradas en 26.129 millones de dólares destinadas a energías limpias.
Distorsiones en el mercado eléctrico
El estudio sostiene que la energía nuclear opera como una tecnología de carga base inflexible, lo que provoca que en determinados momentos sea necesario reducir la producción de fuentes renovables más baratas y sostenibles.
Según Greenpeace, esta situación genera ineficiencias en el mercado eléctrico, dificulta la reducción del precio de la electricidad y ralentiza el avance hacia un sistema energético plenamente descarbonizado.
La organización considera que mantener centrales nucleares activas durante más tiempo del previsto “sabotea” la transición energética al limitar el crecimiento de tecnologías renovables competitivas.
Impacto en emisiones y lucha contra el cambio climático
En el plano ambiental, el informe calcula que prolongar la vida útil de Almaraz incrementaría las emisiones en 12,3 millones de toneladas equivalentes de CO₂ entre 2026 y 2033, una cifra equiparable a las emisiones generadas por todos los hogares de Extremadura durante seis años.
Aunque el cierre de la central podría provocar un aumento puntual de emisiones en el primer año debido a ajustes del sistema eléctrico, los autores concluyen que posteriormente se aceleraría la incorporación de energías limpias y sistemas de almacenamiento energético, reduciendo las emisiones globales.
Para Greenpeace, el cierre nuclear representa una oportunidad para avanzar hacia un modelo energético más sostenible, competitivo y resiliente frente a futuras crisis energéticas.
Debate abierto sobre la transición energética
Las organizaciones ecologistas subrayaron que el debate sobre Almaraz trasciende el ámbito regional y se sitúa en el centro de la discusión sobre el futuro energético de España.
A su juicio, el mantenimiento de la central refleja la resistencia de un modelo basado en tecnologías rígidas frente a un sistema eléctrico descentralizado, renovable y democrático.
Greenpeace concluye que la energía nuclear “solo sobrevive gracias al respaldo político y al dinero de los consumidores” y sostiene que el cierre programado de Almaraz contribuiría a reforzar la soberanía energética tanto de Extremadura como del conjunto del país.



