Aún resuenan las palabras pronunciadas este jueves por la presidenta de la Junta de Extremadura contestando al líder del PSOE en el Pleno de la Asamblea de Extremadura, después de que este confirmase que no va a dimitir a pesar del aval a su procesamiento
En su intervención, Gallardo había aseverado que María Guardiola y su partido “acompañado de seis organizaciones de la ultraderecha, han intentado que yo no esté aquí”, tras lo que reafirmó que “ni aunque se apoyen en la maldad de esas organizaciones, ni tampoco en conjeturas sin base alguna, van a echarme”. Así contestaba a la presidenta en el primer cara a cara que ambos mantenían en público desde que la Justicia anunciara el aval al procesamiento a Gallardo. “Se va a sentar en el banquillo por enchufar al hermano del presidente”, le decía la presidenta extremeña.
La presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, tomó la palabra este jueves en la Asamblea regional con un discurso que resonó más allá de las paredes del hemiciclo. Frente a las críticas del líder del PSOE regional, Miguel Ángel Gallardo, quien la acusó de intentar apartarlo de la Cámara.
“Y le diré que, por favor, deje de confundir lo personal con lo político, y esto lo hago extensivo al resto. Usted puede criticar mis políticas, puede criticar mis medidas, pero no me juzgue, no me describa, no me defina, porque soy la mujer que me da la gana de ser”, expresó la presidenta, visiblemente molesta por comentarios que consideró impropios por parte del líder del PSOE en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo quien la acusó de haber intentado, con el respaldo de seis organizaciones de la ultraderecha, apartarlo de la Asamblea. En ese momento recalcó que su compromiso es defender un proyecto político y no someterse a opiniones que pretenden reducir su papel público a aspectos superficiales. “No es nadie para decirme a mí ni a ninguna otra mujer lo alta, lo baja, lo guapa, lo fea, lo soberbia o lo solícita que a usted le parece”, añadió, elevando el tono de un discurso que fue recibido con atención en el hemiciclo.
Guardiola desplegó un alegato firme, cargado de determinación y de reivindicación feminista.
Desde el primer momento, dejó claro que la política debe centrarse en la gestión y las ideas, no en las valoraciones personales ni en los ataques superficiales que a menudo buscan menoscabar la figura de las mujeres en cargos públicos. “Soy la mujer que me da la gana de ser”, proclamó, visiblemente molesta, una frase que resumió su mensaje: la autonomía y dignidad de cada mujer no pueden ni deben ser cuestionadas por opiniones ajenas ni por estereotipos de género.
Guardiola no se limitó a defender su derecho a ser ella misma, sino que también cuestionó la actitud de su rival político, instándolo a abandonar lo que calificó de “política de barra de bar”. Con contundencia, le recordó que la Asamblea es un espacio de responsabilidad y debate serio, y que los ataques personales solo sirven para distorsionar la política y alejarla de su verdadero objetivo: servir a la ciudadanía.
El discurso de la presidenta fue un recordatorio poderoso de que la política debe ser un terreno de confrontación de ideas y proyectos, no de juicios superficiales sobre la apariencia, el carácter o la conducta de una persona. Su intervención puso de relieve la necesidad de separar lo personal de lo político y de valorar a las mujeres por su trabajo, no por etiquetas ni prejuicios.
Al concluir su alegato, la sala quedó impregnada de la fuerza de su mensaje. Más allá del enfrentamiento con Gallardo, Guardiola envió una señal clara: la política exige respeto, profesionalismo y dignidad, y nadie tiene derecho a definir a otra persona. Su declaración es un ejemplo de cómo el feminismo y la defensa de la autonomía personal pueden confluir con la defensa de la integridad en la vida pública, mostrando que ser mujer y liderar un proyecto político no son dimensiones que deban ser confrontadas, sino celebradas.
Agencias



