Un estudio de la Universidad de Barcelona alerta del aumento de las cifras de explotación sexual por recompensa en los adolescentes españoles, con los porcentajes más elevados de Europa. El 17% de los encuestados ha sufrido alguna victimización sexual en el último año.

«No son situaciones puntuales; para algunos adolescentes los abusos sexuales son una condición vital crónica». Lo remarca la profesora Noemí Pereda, directora del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona. La media de agresiones o victimizaciones sexuales que sufren los adolescentes que lo reconocen es de dos, según datos del primer informe elaborado sobre la victimización sexual en la adolescencia en España.

Han participado más de 4.000 alumnos de entre 14 y 17 años de 70 centros escolares de toda España. Y los datos son así de concluyentes: El 17,8% de los jóvenes ha sufrido algún tipo de agresión sexual en el último año. Mayoritariamente a través de internet (12,1%), en forma de solicitudes sexuales o grooming (un adulto se hace pasar por un menor en internet). Le siguen los abusos con contacto físico, que sufren un 10% de los adolescentes, tanto de agresores conocidos como desconocidos, adultos o sus iguales.

Existe una tercera victimización que está creciendo: la explotación sexual, el intercambio de sexo por recompensas como obsequios, droga o dinero, que afecta al 2,6% de los jóvenes y es similar entre los chicos y las chicas. «Las cifras en Europa de este tipo de violencia -explica Noemí Pereda- se sitúan entre el 1,5% y el 2%, por lo que la realidad española supera ese rango más alto».

Las chicas sufren más abusos, pero en ellos son formas más graves
Si analizamos los datos al detalle comprobamos que las chicas sufren, en general, un mayor grado de agresiones, aunque las de los chicos son en forma más grave, incluyendo penetración y sexo oral. Tras esta realidad hay, remarca la profesora, «una visión patriarcal que identifica al varón como fuerte, como alguien que va a soportar estas formas de violencia más graves y no va a contarlo porque no siente que haya un apoyo a las víctimas de sexo masculino y que nadie va a detectarlo. En el caso de las chicas, el temor a un embarazo también es una variable que pueda relacionarse con formas menos graves de abusos».

Los agresores buscan la menor madurez y menor experiencia
En las cifras globales, el 24% de las chicas encuestadas se reconoce como víctima frente al 11,2% de los chicos. En violencia electrónica los datos de ellas triplican los de ellos (18,3% frente al 5,9%). En cambio cuando el agresor es un adulto, no hay diferencia entre sexos, «la variable género no parece ser tan importante en este caso, sí en cambio la menor edad, menor madurez y menor experiencia, que es lo que atrae al agresor», puntualiza la profesora de la UB.

Esta encuesta, la primera que se realiza a nivel nacional preguntando directamente a los adolescentes, plantea como conclusiones algunas propuestas de actuación; entre ellas el que se promueva una campaña nacional de concienciación social ante el problema, la organización de actividades educativas sobre violencia sexual en espacios comunitarios o integrar la formación en victimización sexual en los planes de estudio universitarios, así como incluir programas de educación sexual integral y un uso seguro de internet en el currículum escolar.

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