La presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, explica que la clave está en invertir más en prevención y en reforzar la gestión del medio rural.
Los incendios forestales han dejado de ser una emergencia puntual para convertirse en una amenaza estructural en España. Bajo esta crisis, la presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, Ana Belén Noriega ha concedido una entrevista a La Razón donde ha explicado que: «Tenemos grandes profesionales de extinción, pero necesitamos dar un salto en prevención y cultura del riesgo. La salida pasa por una política de Estado con acuerdos que trasciendan los ciclos electorales».
En su receta aparecen tres prioridades: más prevención de incendios, más gestión forestal sostenible y más educación ciudadana. Solo así, subraya, España podrá reducir la gravedad de unos incendios que ya no son una excepción, sino la norma de cada verano.
Un verano récord
La magnitud de la ola de incendios de este año, no sorprende a los expertos. Paras Noriega, se ha producido la tormenta perfecta.
«Se han alineado varios factores: una primavera larga y lluviosa que ha propiciado un notable crecimiento del pasto, seguida de olas de calor intensas que lo han secado rápidamente. La presencia de paisajes continuos, con baja o nula gestión, con mucha biomasa que actúa como combustible, unido a vientos secos y una bajísima humedad del aire. Se ha dado, por tanto, la regla del 30: temperaturas por encima de los 30 °C, vientos superiores a los 30 km/h y humedad relativa inferior al 30%», ha explicado.
A todo ello se suma, explica, el abandono del mundo rural y la pérdida de actividades agroforestales, lo que convierte cualquier chispa en un incendio de gran magnitud.
Prevenir sale más barato que apagar
En su diagnóstico, la inversión está mal enfocada: «El foco presupuestario sigue muy centrado en la respuesta a la emergencia, cuando lo eficaz es equilibrar la balanza hacia la prevención. La evidencia es clara, cada euro para reducir el riesgo evita muchos más en pérdidas futuras».
Para Noriega, el camino pasa por mosaicos agroforestales, empleo estable en zonas rurales y planes de autoprotección municipales que reduzcan la vulnerabilidad. Y lo resume en una idea sencilla, invertir en «verde» es más barato que reconstruir lo que se quema.
El freno político y administrativo
La gestión forestal, sin embargo, tropieza con una realidad burocrática.
«Las cifras actuales indican que estamos por debajo del 20% de superficie forestal con algún instrumento de gestión. La tramitación es lenta y complicada, a lo que hay que sumar la heterogeneidad de criterios y la debilidad de medios en muchos ayuntamientos de zonas de alto riesgo», ha explicado Noriega.
Además, ha recordado que el 72% del territorio forestal es privado, lo que dificulta aún más mantenerlo con recursos propios en zonas despobladas.
Profesionales invisibles
Sobre el papel de los ingenieros forestales, Noriega lo tiene claro: «Actualmente, la planificación y gestión forestal a menudo queda relegada o fragmentada entre diferentes departamentos, lo que limita la eficacia de las actuaciones. Incorporar profesionales forestales en cargos directivos permitiría integrar criterios técnicos, científicos y de sostenibilidad en las políticas públicas».
Bosques adaptados al cambio climático
La adaptación al clima extremo no solo es posible, sino obligatorio.«Se puede y se debe. La clave es pasar de montes ‘compactos’ a paisajes en mosaico en las zonas de riesgo. Distintas especies, edades y densidades crearán paisajes más resistentes al fuego», ha dicho la presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales.
Para ello, propone medidas como la selvicultura preventiva, el aprovechamiento de recursos forestales, la ganadería extensiva o las quemas prescritas en condiciones controladas.
¿Qué hacer tras un incendio?
El trabajo no termina cuando se apaga el fuego, la prioridad, según Noriega, es cuidar el suelo: «Lo primero es evaluar y proteger el suelo el primer año. Si se pierde por erosión, cuesta mucho recuperarlo. Ahí funcionan técnicas sencillas y efectivas: mulching, fajinas y albarradas».
Tecnología al servicio del monte
Los avances también son aliados en esta lucha, como bien ha explicado Ana Belén Noriega: «La tecnología multiplica la eficacia si hay gestión en el terreno. Actualmente, contamos con satélites y servicios europeos que mapean perímetros y severidad en horas. Los drones y sensores mejoran la vigilancia y los primeros ataques».
Aun así, insiste en que la tecnología debe complementarse con gestión real en los montes y con coordinación entre administraciones.
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