Una beca para estudiar en Canadá y un mensaje a los jóvenes extremeños: «Que lo intenten»
EFE).- Hace unos meses, Jimena Tejerina Tomé, una estudiante de 16 años de Malpartida de Plasencia (Cáceres), decidió presentar su solicitud a una de las becas de la Fundación Amancio Ortega «por si acaso». Ahora prepara las maletas para cursar primero de Bachillerato en Canadá y lanza un mensaje a otros jóvenes extremeños: «Que lo intenten».
Jimena es una de los ocho estudiantes extremeños seleccionados por la Fundación Amancio Ortega entre más de 7.800 aspirantes de toda España para disfrutar de una de las 450 becas que permiten cursar primero de Bachillerato en Canadá o Estados Unidos durante el curso 2026/2027.
El próximo 31 de agosto dejará su localidad para pasar diez meses con una familia canadiense, estudiar en un instituto del país y vivir una experiencia que considera una oportunidad para conocer otra cultura y ganar autonomía.
La idea surgió en casa. Su hermana había intentado acceder al mismo programa años atrás, aunque la pandemia frustró aquella posibilidad.
«Lo vimos un día por las redes sociales y dijimos: Bueno, pues lo voy a echar, por si acaso», ha recordado en una entrevista con EFE.
El proceso de selección
A partir de ahí comenzó un proceso de selección de varios meses. Primero superó la fase en la que se valoraba el expediente académico y la renta familiar; después realizó una prueba de inglés en Cáceres y, finalmente, una entrevista personal.
«No sabía si me la iban a dar, pero iba pasando una fase y otra», ha explicado.
El programa concede 450 becas, de las que 250 corresponden a Canadá y 200 a Estados Unidos, y el país de destino se asigna mediante sorteo entre los estudiantes seleccionados.
A Jimena le correspondió Canadá. Allí vivirá con una familia de acogida, con la que ya mantiene contacto casi a diario.
«Hablo con ellos casi todos los días y ya hemos hecho una videollamada», comenta.
La beca cubre el viaje, el alojamiento y la manutención con una familia anfitriona, la escolarización, el seguro, el visado, la convalidación del curso, el seguimiento durante toda la estancia y una asignación mensual para gastos personales.
Aunque reconoce que echará de menos a su familia y a sus amigos, confía en adaptarse pronto.
«Me han dicho que el primer mes cuesta un poco más, pero luego ya haces allí tu rutina», ha apuntado.
Una experiencia y una oportunidad
Por encima de todo, Jimena quiere que su experiencia sirva para que otros estudiantes extremeños conozcan que existe esta posibilidad.
«Que lo intenten y lo echen si tienen buenas notas, porque es una buena oportunidad», ha insistido.
Su madre, Beatriz Tomé, comparte ese deseo y considera que este tipo de becas puede abrir nuevas perspectivas a muchos jóvenes de la región.
«El esfuerzo tiene su recompensa. Hay que animar a los chicos de Extremadura a que lo intenten porque lo pueden conseguir perfectamente», ha afirmado.
También rechaza la idea de que sea necesario contar con una preparación extraordinaria para optar al programa.
«No hace falta tener miedo. Las oportunidades están y hay que aprovecharlas», ha defendido.
Mientras tanto, Jimena afronta las últimas semanas antes del viaje entre preparativos y conversaciones con la familia que la recibirá en Canadá, convencida de que la experiencia marcará un antes y un después en su formación personal y académica.



