Extremadura suma cuatro fallecimientos asociados a las altas temperaturas durante la primera quincena de agosto, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo). El dato se incorpora a un verano especialmente duro para la comunidad autónoma, después de las 50 muertes estimadas durante julio y las siete contabilizadas en junio, lo que eleva a 61 los fallecimientos asociados al calor en Extremadura desde junio.
El balance extremeño se conoce en un momento en el que el impacto de las altas temperaturas vuelve a alcanzar cifras muy elevadas en el conjunto del país. España ha registrado 1.108 muertes asociadas al calor entre el 1 y el 15 de agosto, 146 más que en el mismo periodo del año pasado, cuando MoMo estimó 962 fallecimientos.
La cifra convierte a la primera quincena de agosto de 2026 en el tercer periodo más letal para estas fechas desde que comenzó a funcionar el sistema MoMo, en 2015. Solo se sitúan por encima los registros de 2018, cuando se estimaron 1.197 fallecimientos atribuibles al calor, y de 2022, con 1.225.
Para Extremadura, los cuatro fallecimientos de la primera mitad de agosto deben analizarse dentro de la evolución acumulada del verano. La cifra puede parecer reducida frente a las registradas en comunidades con mayor población, pero llega después de un julio especialmente duro, en el que MoMo estimó 50 muertes asociadas a las altas temperaturas en la región.
De esta forma, Extremadura acumula 61 fallecimientos estimados desde junio: siete en junio, 50 en julio y cuatro durante los primeros quince días de agosto.
Julio concentra el mayor impacto en Extremadura
El mes de julio fue, con diferencia, el periodo más letal del verano para Extremadura. Las 50 muertes estimadas entonces multiplicaron por más de siete las siete registradas durante junio.
El incremento coincidió con varios episodios de temperaturas muy elevadas que afectaron a buena parte de la comunidad y que tuvieron especial incidencia en la mortalidad de las personas más vulnerables.
Los datos conocidos durante el propio mes ya apuntaban a una evolución preocupante. En determinadas jornadas, MoMo llegó a estimar varios fallecimientos diarios atribuibles a las altas temperaturas en Extremadura, con un máximo de seis muertes estimadas en una sola jornada.
El balance definitivo de julio situó a la comunidad en 50 fallecimientos asociados al calor, dentro de un total nacional de 2.024 muertes estimadas.
Con el comienzo de agosto, la mortalidad atribuible al calor se ha reducido en Extremadura respecto al mes anterior, pero no ha desaparecido. Las cuatro muertes estimadas en los primeros quince días mantienen a la comunidad dentro de la estadística nacional de impacto de las temperaturas.
Más de 4.000 muertes en España desde mayo
La situación de Extremadura forma parte de un verano especialmente intenso en el conjunto de España.
Desde que se activó el Plan Calor 2026 y comenzó el periodo de seguimiento correspondiente, MoMo estima que 4.191 personas han fallecido por causas relacionadas con las altas temperaturas.
El acumulado incluye las 123 muertes contabilizadas desde el 22 de mayo, las 936 de junio, las 2.024 de julio y las 1.108 estimadas durante los primeros quince días de agosto.
Julio concentra la mayor parte de este balance, con más de 2.000 fallecimientos estimados en un solo mes. Agosto, sin embargo, ha comenzado también con cifras muy elevadas: en solo quince días se han registrado estadísticamente 1.108 muertes asociadas al calor.
Las 1.108 muertes de la primera quincena de agosto suponen un incremento de 146 fallecimientos respecto al mismo periodo de 2025, lo que representa aproximadamente un 15 por ciento más.
El dato también coloca a este comienzo de agosto entre los peores de toda la serie histórica de MoMo. Solo las primeras quincenas de agosto de 2018 y 2022 registraron más fallecimientos, con 1.197 y 1.225, respectivamente.
Cataluña concentra más de la mitad de las muertes de agosto
Por comunidades autónomas, Cataluña es la que presenta el mayor número de fallecimientos asociados al calor durante la primera quincena de agosto, con 575 muertes estimadas.
Le siguen Andalucía, con 105; Canarias, con 75; Comunidad Valenciana, con 56; Castilla y León, con 53, y Castilla-La Mancha, con 41.
A continuación aparecen Aragón, con 35 fallecimientos; País Vasco, con 33; Galicia y Comunidad de Madrid, con 31 cada una; Navarra, con 30; Murcia, Cantabria y Asturias, con 12 cada una; Extremadura, con cuatro; La Rioja, con tres; y Baleares y Melilla, con una muerte cada una.
En Ceuta no se estiman fallecimientos asociados al calor durante este periodo.
El elevado número registrado en Cataluña debe interpretarse teniendo en cuenta el tamaño y la estructura de edad de su población, además de otros factores meteorológicos y sociales. Las cifras absolutas, por sí solas, no permiten establecer qué territorios presentan necesariamente una mayor mortalidad relativa.
Las personas mayores concentran la inmensa mayoría de los fallecimientos
El perfil de las personas fallecidas durante la primera quincena de agosto muestra una marcada concentración en las edades más avanzadas.
De las 1.108 muertes estimadas en España, 670 corresponden a mujeres y 438 a hombres.
Pero el dato más significativo se encuentra en la edad. 1.070 de los fallecidos tenían más de 65 años, mientras que 659 tenían más de 85 años.
Esto significa que aproximadamente el 97 por ciento de las muertes estimadas corresponden a personas mayores de 65 años.
La elevada incidencia entre las personas de edad avanzada está relacionada con la menor capacidad del organismo para regular la temperatura corporal y con la mayor frecuencia de enfermedades crónicas que pueden agravarse durante los episodios de calor.
Las altas temperaturas pueden provocar deshidratación, alteraciones cardiovasculares, problemas respiratorios y otras complicaciones que, en personas especialmente vulnerables, pueden terminar desencadenando un desenlace fatal.
El calor puede agravar enfermedades previas
Una de las cuestiones importantes para interpretar correctamente los datos de MoMo es que las muertes asociadas a las altas temperaturas no son necesariamente fallecimientos producidos directamente por un golpe de calor.
El calor puede actuar como un factor desencadenante o agravante de enfermedades que ya padecía la persona.
Por ejemplo, una persona mayor con una enfermedad cardiovascular puede sufrir una descompensación durante un periodo de temperaturas extremas. En este tipo de situaciones, el calor puede contribuir al fallecimiento aunque no aparezca como causa directa en el certificado de defunción.
Por ello, las cifras de MoMo son estimaciones epidemiológicas que permiten calcular el impacto de las temperaturas sobre la mortalidad general de la población.
El sistema resulta especialmente útil para las autoridades sanitarias porque permite detectar incrementos anómalos de mortalidad y relacionarlos con episodios meteorológicos adversos.
El dato extremeño adquiere mayor relevancia al analizar todo el verano
Los cuatro fallecimientos de Extremadura registrados durante la primera quincena de agosto no constituyen, por tanto, un dato aislado.
La comunidad ya acumulaba siete muertes en junio y otras 50 en julio. En total, 61 fallecimientos estimados desde junio están asociados estadísticamente a las altas temperaturas.
La evolución muestra además que el principal impacto se concentró en julio, cuando se produjo un fuerte aumento de la mortalidad coincidiendo con los episodios de calor más intensos.
El comienzo de agosto muestra una reducción respecto a ese máximo, pero las temperaturas continúan representando un riesgo, especialmente para las personas mayores, quienes viven solas y quienes presentan enfermedades crónicas.
En este sentido, el dato de los cuatro fallecimientos debe entenderse como parte de un fenómeno que puede prolongarse durante todo el verano y cuyo impacto depende tanto de las temperaturas como de su duración y de la vulnerabilidad de la población expuesta.
La prevención, clave para reducir el impacto
Ante episodios de temperaturas elevadas, las autoridades sanitarias recomiendan mantener una hidratación adecuada y beber agua con frecuencia, incluso cuando no se tenga sed.
También se aconseja evitar la exposición directa al sol durante las horas centrales del día, reducir la actividad física intensa en los momentos de mayor temperatura y permanecer en lugares frescos siempre que sea posible.
Especial atención requieren las personas mayores y aquellas que viven solas. El seguimiento por parte de familiares, vecinos o cuidadores puede resultar fundamental para detectar a tiempo síntomas de deshidratación o de deterioro provocado por el calor.
También es importante revisar las condiciones de las viviendas. Una casa que acumula mucho calor durante el día puede mantener temperaturas elevadas durante la noche e impedir una adecuada recuperación del organismo.
Las personas con enfermedades crónicas deben extremar igualmente las precauciones y seguir las indicaciones de sus profesionales sanitarios.
Un verano especialmente duro
Los datos conocidos hasta ahora dibujan un escenario preocupante tanto para Extremadura como para el conjunto de España.
En la comunidad autónoma, los cuatro fallecimientos estimados en los primeros quince días de agosto se suman a los 50 de julio y los siete de junio, elevando a 61 el número de muertes asociadas al calor desde el comienzo del verano.
En España, las cifras son todavía más contundentes: 1.108 fallecimientos en la primera quincena de agosto y 4.191 desde el 22 de mayo, cuando comenzó el periodo de seguimiento utilizado para el balance del Plan Calor 2026.
Más allá de las cifras, el patrón vuelve a mostrar que las consecuencias más graves de las temperaturas extremas recaen fundamentalmente sobre las personas mayores y, especialmente, sobre quienes superan los 85 años.
El verano de 2026 se encamina así a convertirse en uno de los periodos con mayor impacto de las altas temperaturas desde que existen registros comparables. Y en Extremadura, aunque los cuatro fallecimientos de agosto quedan lejos de las cifras de las comunidades más pobladas, el acumulado de 61 muertes estimadas desde junio evidencia que el calor está teniendo también un importante coste humano en la región.



