En estos días marcados por el dolor y la preocupación ante lo sucedido en Ceuta, la Archidiócesis de Mérida‑Badajoz desea ofrecer una reflexión serena desde la fe y desde el compromiso con la dignidad humana. El arzobispo, D. José Rodríguez Carballo, dirige unas palabras a la comunidad cristiana para iluminar esta realidad a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia, y comparte el artículo de Mons. Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, reconocido por su defensa de los más pobres. Ambas miradas, complementarias y profundamente evangélicas, invitan a afrontar esta situación con responsabilidad, humanidad y misericordia.
Queridos hermanos y hermanas: Ante el drama, convertido en luto, que estamos viviendo en estos días por la situación creada en Ceuta, no podemos mirar a otra parte. Esta situación nos interpela a todos, empezando por nuestros responsables políticos. Sería muy triste que se intentara sacar rédito político a una situación humanitaria grave, muy grave. Sería un pecado grave manipular y aprovecharnos de los pobres.
Mientras os transmito un texto elaborado por el arzobispo emérito de Tánger, Fr. Santiago Agrelo Martínez, OFM, conocido por su defensa de los más pobres, quiero hacerme eco del pensamiento de la Iglesia y más concretamente del Papa León sobre la inmigración.
Con el Papa León reafirmamos que debemos respetar al máximo la dignidad de la persona humana. Ésta no conoce, como dice el mismo Santo Padre, fronteras. Condenamos la discriminación y recordamos que, ante situaciones así, la responsabilidad es compartida, tanto de los países de origen, como de tránsito y de destino. Al mismo tiempo, condenamos abiertamente las mafias que juegan con las personas y particularmente con los más pobres. Al mismo tiempo, recordamos que quienes legalmente llegan a nuestro país han de comprometerse en el aprendizaje de nuestra lengua, en el respeto a nuestras leyes y a participar en la sociedad que les acoge, para que la migración sea un verdadero enriquecimiento mutuo.
Recuerdo unas palabras del Papa León que nos interpelan a todos los que nos decimos y queremos ser discípulos de Jesús: “La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”. En definitiva, pensamos que no se trata simplemente de abrir o cerrar fronteras sin más, sino de equilibrar derechos, deberes y el bien común, con un rostro siempre humano y fraterno.
Mons. José Rodríguez Carballo
Arzobispo de Mérida-Badajoz



