El Ministerio de Sanidad actualiza los umbrales térmicos vinculados al aumento de la mortalidad y sitúa en 37,6 grados el límite más bajo de la región, en Villuercas y Montánchez, y en 41,3 el más elevado, en las Vegas del Guadiana.

El Ministerio actualiza por primera vez en años los niveles térmicos asociados al aumento de la mortalidad y adapta el sistema de alertas a la realidad climática de cada zona del país

España afronta el verano de 2026 con un nuevo mapa del riesgo sanitario asociado al calor. El Ministerio de Sanidad ha aprobado una profunda revisión de los umbrales de temperatura máxima a partir de los cuales se incrementan de forma significativa los efectos adversos sobre la salud y la mortalidad de la población, una actualización que modifica los criterios utilizados hasta ahora y que busca mejorar la capacidad preventiva frente a uno de los fenómenos climáticos más peligrosos y frecuentes de los últimos años.

La ministra de Sanidad, Mónica García, acompañada por el responsable de Salud y Cambio Climático del ministerio, Héctor Tejero, ha presentado oficialmente los resultados de esta revisión coincidiendo con el desarrollo del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos de los Excesos de Temperaturas sobre la Salud correspondiente a 2026, un dispositivo que ya se encuentra operativo desde el pasado 14 de mayo y que permanecerá activo hasta mediados de septiembre, con posibilidad de ampliación si las circunstancias meteorológicas así lo requieren.

La principal novedad reside en la redefinición de los denominados umbrales de riesgo para la salud, es decir, las temperaturas máximas a partir de las cuales los estudios epidemiológicos detectan un incremento estadísticamente significativo de la mortalidad relacionada con episodios de calor extremo.

Los nuevos valores ponen de manifiesto las enormes diferencias climáticas y de adaptación existentes dentro del territorio nacional. Mientras algunas zonas costeras del norte comienzan a registrar riesgos sanitarios con temperaturas inferiores a los 26 grados, determinadas áreas del sur peninsular soportan habitualmente registros superiores a los 40 grados antes de alcanzar los mismos niveles de vulnerabilidad.

Una España dividida por el impacto sanitario del calor

La actualización presentada por Sanidad confirma que no existe una única temperatura peligrosa para toda España.

Los nuevos cálculos sitúan el umbral más bajo del país en los 25,7 grados centígrados, registrado en diversas áreas del litoral asturiano y guipuzcoano. En el extremo opuesto aparece la campiña sevillana, donde el riesgo sanitario comienza a incrementarse de forma significativa a partir de los 41,5 grados.

Entre ambos extremos se distribuyen los diferentes valores establecidos para las 182 áreas territoriales que conforman el sistema nacional Meteosalud, la herramienta utilizada por las autoridades sanitarias para adaptar las alertas a las características específicas de cada territorio.

Esta diferencia de casi 16 grados entre unas zonas y otras responde a un fenómeno ampliamente documentado por la comunidad científica: la adaptación climática de las poblaciones.

Las personas que residen en regiones donde los veranos son tradicionalmente suaves presentan una menor tolerancia fisiológica y social a las altas temperaturas. Por el contrario, los habitantes de áreas acostumbradas a registrar temperaturas extremas han desarrollado mecanismos de adaptación que reducen parcialmente el impacto sanitario de esos episodios.

Por este motivo, una temperatura de 28 grados puede generar un importante estrés térmico en determinadas zonas del Cantábrico mientras que apenas tendría repercusión sanitaria en buena parte del valle del Guadalquivir o de Extremadura.

Extremadura, entre las regiones más cálidas del país

La revisión ministerial refleja igualmente las diferencias existentes dentro de Extremadura, una de las comunidades autónomas históricamente más expuestas a las olas de calor.

Según los nuevos parámetros, el umbral más bajo de la región se localiza en las comarcas cacereñas de Villuercas y Montánchez, donde el incremento de la mortalidad comienza a detectarse a partir de los 37,6 grados centígrados.

En el otro extremo se sitúan las Vegas del Guadiana, en la provincia de Badajoz, donde el límite asciende hasta los 41,3 grados.

Estos valores sitúan a Extremadura entre los territorios españoles con una mayor capacidad de adaptación a las temperaturas elevadas, aunque las autoridades sanitarias advierten de que ello no implica una menor peligrosidad de las olas de calor.

Al contrario, la intensidad y duración de los episodios extremos registrados en la región durante los últimos veranos continúan representando una amenaza importante para la salud pública, especialmente entre los colectivos más vulnerables.

Una metodología renovada basada en más de una década de datos

La actualización realizada por el Ministerio de Sanidad se sustenta en una revisión metodológica de gran alcance.

Los técnicos han analizado la relación existente entre las temperaturas máximas diarias y la mortalidad por causas naturales registrada en España durante más de una década, utilizando para ello una extensa base de datos epidemiológicos y meteorológicos.

La serie temporal empleada abarca el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2012 y el 31 de diciembre de 2023, lo que ha permitido disponer de una muestra amplia y representativa de distintas situaciones climáticas.

No obstante, los años 2020 y 2021 han quedado excluidos del estudio debido a las alteraciones extraordinarias provocadas por la pandemia de COVID-19.

Los expertos consideran que la elevada mortalidad registrada durante aquellos ejercicios podría haber distorsionado los resultados, dificultando la identificación precisa de los efectos atribuibles exclusivamente al calor.

A partir de esta información se han desarrollado análisis estadísticos específicos destinados a determinar el punto exacto en el que la mortalidad comienza a incrementarse en cada una de las áreas estudiadas.

El resultado es un sistema mucho más ajustado a la realidad territorial que los modelos utilizados anteriormente.

El calor, una amenaza creciente para la salud pública

La revisión llega en un contexto marcado por el aumento progresivo de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios extremos asociados al cambio climático.

Diversos estudios científicos han constatado que Europa se está calentando a un ritmo superior a la media mundial y que la cuenca mediterránea constituye uno de los principales puntos críticos de este proceso.

España figura entre los países europeos más expuestos a este fenómeno debido a su localización geográfica, la prolongación de los periodos cálidos y la creciente intensidad de las olas de calor registradas durante las últimas décadas.

Las consecuencias sanitarias son cada vez más visibles.

Las altas temperaturas pueden provocar golpes de calor, deshidratación severa, agotamiento térmico y alteraciones metabólicas que afectan especialmente a personas mayores y pacientes con enfermedades previas.

Además, el calor extremo agrava numerosas patologías cardiovasculares, respiratorias, neurológicas y renales, aumentando las hospitalizaciones y la mortalidad.

Los efectos no se limitan a los momentos de máximas temperaturas.

Numerosas investigaciones han demostrado que la exposición continuada a noches tropicales o ecuatoriales, en las que los termómetros apenas descienden, incrementa significativamente los riesgos para la salud al impedir la recuperación fisiológica del organismo.

Los colectivos más vulnerables

El Ministerio de Sanidad recuerda que determinados grupos de población presentan una especial susceptibilidad frente al calor.

Entre ellos destacan las personas mayores de 65 años, especialmente aquellas que viven solas o padecen enfermedades crónicas; los menores de edad; las mujeres embarazadas; los pacientes con patologías cardiovasculares, respiratorias o metabólicas; y las personas con discapacidad o dependencia.

También figuran entre los grupos de riesgo los trabajadores expuestos al aire libre, como agricultores, operarios de la construcción, personal de mantenimiento, repartidores y empleados de servicios urbanos.

Las condiciones socioeconómicas constituyen igualmente un factor determinante.

La falta de acceso a viviendas adecuadamente climatizadas, las dificultades energéticas o determinadas situaciones de exclusión social pueden aumentar considerablemente la vulnerabilidad frente a los episodios de calor extremo.

Cómo funciona el sistema Meteosalud

El sistema Meteosalud constituye la columna vertebral del dispositivo preventivo impulsado por Sanidad.

España se divide en 182 áreas homogéneas desde el punto de vista climático y sanitario. Cada una de ellas dispone de un umbral específico calculado en función de sus características propias.

Cuando las previsiones meteorológicas elaboradas por la Agencia Estatal de Meteorología anticipan temperaturas que superan esos límites, se activan distintos niveles de alerta.

Estas alertas permiten coordinar la actuación de administraciones públicas, servicios sanitarios, centros sociosanitarios, ayuntamientos y organismos de protección civil.

Asimismo, facilitan la difusión de recomendaciones dirigidas a la ciudadanía para reducir la exposición al calor y prevenir complicaciones de salud.

Un verano bajo vigilancia permanente

La campaña de vigilancia frente al calor de 2026 permanecerá activa hasta el 15 de septiembre, aunque podrá prolongarse durante quince días adicionales si persisten condiciones meteorológicas adversas.

Durante este periodo se realizará un seguimiento diario de las previsiones térmicas y de los indicadores sanitarios asociados.

El objetivo es anticiparse a posibles episodios extremos y minimizar sus consecuencias sobre la población.

La actualización de los umbrales representa uno de los cambios más relevantes introducidos en los últimos años dentro de la estrategia española de adaptación sanitaria al cambio climático y refleja la creciente necesidad de integrar la evidencia científica en las políticas de salud pública.

Con esta revisión, el Ministerio de Sanidad aspira a disponer de alertas más precisas, mejorar la capacidad de respuesta institucional y reforzar la protección de millones de ciudadanos frente a uno de los riesgos climáticos que más vidas causa cada verano en España.