Si alguien desconoce la importancia de las manifestaciones de religiosidad popular en la historia de Llerena, puede verse sorprendido por la relevancia y el arraigo que aún conservan las Cruces de la ciudad.
A lo largo de los siglos, Llerena llegó a albergar ocho conventos de religiosas, diez ermitas y numerosas cofradías y hermandades. Además, fue sede del Tribunal de la Inquisición y acogió a priores y profesores de la provincia de San Marcos de León de la Orden de Santiago.
Al abrigo de esta intensa vida religiosa floreció también una importante actividad artística. Pintores, plateros y escultores desarrollaron en Llerena una destacada producción vinculada al arte sacro, impulsada especialmente tras el Concilio de Trento, que reafirmó el culto y la devoción a las imágenes religiosas.
Por otra parte, los periodos de epidemias, hambrunas y guerras, frecuentes en aquella época, llevaron a la población a encomendarse a Dios a través de representaciones de Cristo crucificado, de la Virgen o de distintos santos. Muchas de estas imágenes dieron incluso nombre a calles y rincones de la ciudad.
De todo ello hablamos con Julio Galindo en “El Batiburrillo” de Juan Antonio Lara, en un recorrido por la historia, la tradición y el significado cultural de las Cruces de Llerena.



