El pistacho se ha consolidado definitivamente como uno de los cultivos con mayor proyección económica y agronómica del sector primario extremeño.
En apenas una década, esta producción ha pasado de ser testimonial a superar ya las 3.000 hectáreas plantadas en la región, situándose como una alternativa rentable y estratégica frente a cultivos tradicionales como el olivar o el almendro.
Este crecimiento sostenido ha llevado a agricultores y expertos del sector a denominarlo ya como el “oro verde” del campo extremeño, debido a su elevada demanda internacional, su capacidad de adaptación climática y sus perspectivas de rentabilidad a medio y largo plazo.
Expansión territorial y condiciones agronómicas favorables
El cultivo del pistacho se encuentra actualmente implantado en ambas provincias extremeñas, aunque presenta una mayor concentración en comarcas con condiciones climáticas especialmente favorables, como Campiña Sur, Tierra de Barros, las Vegas del Guadiana y Campo Arañuelo.
Estas zonas reúnen factores determinantes para el desarrollo del pistachero: inviernos fríos necesarios para la correcta floración, veranos largos y secos que favorecen la maduración del fruto y suelos adecuados para el crecimiento del árbol.
En términos productivos, Extremadura alcanza ya aproximadamente 200.000 kilos de pistacho anuales, una cifra que continuará creciendo de forma progresiva conforme entren en producción las nuevas plantaciones. Actualmente, la totalidad de esta producción se destina a la exportación hacia distintos mercados europeos, principalmente Alemania, Polonia e Italia, donde la demanda continúa al alza.
Desde la Cooperativa Extremeña de Pistacho, su técnico Alejandro Pereira señala que la región dispone de unas 2.500 hectáreas vinculadas al sector cooperativo, de las cuales alrededor de 1.500 hectáreas son gestionadas directamente por la entidad, mayoritariamente ubicadas en el sur de Extremadura. Según explica, “las condiciones meteorológicas de esta zona son especialmente aptas para el desarrollo del cultivo”.
Un cultivo de futuro que exige planificación
Uno de los principales atractivos del pistacho reside en su baja necesidad hídrica, característica derivada del origen desértico del pistachero, lo que lo convierte en una alternativa especialmente interesante en un contexto marcado por la escasez de agua y la adaptación al cambio climático.
No obstante, se trata de una inversión agrícola a largo plazo. El técnico de la cooperativa Jaime Donoso destaca que el pistachero requiere entre cinco y siete años para alcanzar su plena producción, ya que los primeros años se destinan fundamentalmente a la formación del árbol.
La entrada en producción suele producirse entre el cuarto y sexto año, dependiendo del manejo agronómico y del equilibrio nutricional de la plantación. Durante las primeras campañas, la recolección se realiza de forma manual —similar a la aceituna—, pasando posteriormente a sistemas mecanizados cuando el árbol alcanza suficiente desarrollo vegetativo.
La campaña de recogida comienza habitualmente a finales del verano, momento en el que buena parte del fruto se dirige a la Cooperativa Extremeña de Pistacho, situada en Fuente de Cantos, infraestructura clave para la consolidación del sector regional.
El papel estratégico del modelo cooperativo
La cooperativa, que inició su actividad en 2022, afronta actualmente su cuarta campaña en una fase marcada por el crecimiento constante. Su gerente, Daniel Trenado, explica que el sector se encuentra “en pleno tramo ascendente”, debido a la entrada progresiva en producción de numerosas plantaciones jóvenes.
Actualmente, la entidad cuenta con 125 socios productores y concentra más de la mitad del pistacho extremeño. El modelo cooperativo ha permitido mejorar significativamente la rentabilidad para los agricultores, situando el precio medio del producto en torno a 7 euros por kilo.
Según Trenado, antes de la creación de la cooperativa los productores dependían de procesadores privados para el pelado, secado y comercialización del fruto. “Ahora gestionamos todo el proceso productivo, lo que permite incrementar notablemente los márgenes del agricultor”, señala.
Además, la cooperativa amplía cada año sus líneas de transformación y valor añadido, consolidando una estrategia orientada a fortalecer la posición del pistacho extremeño en los mercados internacionales.
Oportunidad internacional ante el cambio del mercado global
El contexto internacional refuerza las expectativas de crecimiento del cultivo. Irán, principal productor mundial de pistacho, ha alcanzado su límite productivo debido principalmente a la escasez hídrica, lo que abre nuevas oportunidades para regiones emergentes como Extremadura.
De hecho, según explica el gerente de la cooperativa, existe ya interés de capital internacional, especialmente iraní, en invertir en tierras españolas para trasladar parte de la producción hacia zonas con mayor disponibilidad de recursos y estabilidad agrícola.
Europa importa anualmente alrededor de 122.000 toneladas de pistacho procedentes de Turquía e Irán, mientras que el consumo nacional español alcanza aproximadamente las 17.000 toneladas anuales, lo que evidencia el amplio margen de crecimiento para la producción nacional.



