EFE – Lejos de estar relegadas a un segundo plano en la celebración de la Semana Santa, las mujeres en Extremadura protagonizan en muchos casos el fervor popular de esta fiesta que hasta en tres ciudades de la región cuenta con la vitola de Interés Internacional.
Y es que más allá de que en las iglesias rurales la devoción mariana en forma de rosarios la copen las mujeres sin que les sea prohibido a los hombres participar, recuerda el delegado de Cofradías de Mérida-Badajoz, José Orio, la labor femenina es «imprescindible al igual que la de los hombres» en Semana Santa.
Para la Diócesis de Plasencia, los estatutos marco no reflejan desigualdad de sexos en esta celebración, no hay «distinciones ni matices», cada uno hace su labor en su cofradía, un trabajo necesario para mantener «vigente y viva» esta tradición.
La Hermandad de Jesús de la Espina
Un caso particular es el de la Hermandad de Jesús de la Espina, en la ciudad de Badajoz, donde un canon de la Iglesia obligaba a que su junta de gobierno estuviera formada exclusivamente por mujeres, al estar incardinada al convento de las Clarisas Descalzas.
En la actualidad el canon está derogado, al igual que la norma establecida en su refundación en 1939 que decía que sólo hombres mayores de 18 años podrían ser nazarenos de la hermandad.
La tradición continuó hasta 2023, cuando el cabildo cambió la norma, al igual que permitió el acceso a los hombres a los cargos directivos, pero no fue hasta el pasado año cuando las mujeres pudieron procesionar el Martes Santo debido a la lluvia del año anterior.
«La hermandad está y es lo que es gracias a las mujeres», ha explicado en declaraciones a EFE su presidente Cayetano Barriga, pregonero este año de la Semana Santa pacense.
Mujeres costaleras
Unos 250 nazarenos, monaguillos y dalmáticas componen el cortejo del Cristo de la Espina, unos 180 en el de la Virgen de la Amargura, más de 400 personas en total de las que al menos una de cada tres son mujeres.
Para Cayetano Barriga, estos son pasos muy pesados que rondan los 1.200 kilos y en ellos sólo caben 35 personas como hermanos costaleros, ahora mismo todos hombres en la cuadrilla, pero que «si tienen la capacidad de sacar los pasos, no tendrán inconveniente» en incorporar hermanas.
Otro caso es el de la Hermandad de la Sagrada Cena y Nuestra Señora del Patrocinio de Mérida, donde exclusivamente son ellas las costaleras de este último paso que sale el Domingo de Ramos, al igual que pasa, entre otros, con el Cristo de la Hermandad emeritense de Jesús de la Humildad.
Ya sean mujeres u hombres, en su mayoría, los cofrades buscan preservar su anonimato bajo capirotes o capuchones, dando más protagonismo al acto penitencial, devoción que se mantiene más oculta aun bajo el paso cuando se trata de costaleros.
Cristo Negro de Cáceres
Una tradición de esconder el rostro intencionadamente que mantienen con su hábito benedictino en la procesión de la Cofradía del Cristo Negro.
Se trata de una cita silenciosa e intramuros en la noche del Miércoles al Jueves Santo en la casco antiguo cacereño en la que también participan mujeres, en concreto diez esta año, cuatro de ellas de carga, entre las 59 personas que procesionan.
Así, el mayordomo de la Cofradía del Cristo Negro de Cáceres, Alonso Corrales, ha explicado a EFE que ya desde el siglo XVI, por 1540, la mujer participa en esta hermandad del Cristo Negro, pero «ellas tenían que pagar el doble», según parece, por pertenecer a ella.
Por esa época ser cofrade era «un concepto distinto» al actual, no eran cofradías de Semana Santa, sino que sacaban la imagen del Cristo por devoción, epidemias o peligro de guerra.
Juntas directivas femeninas
«Hay años que se van sumando mujeres y otros años que cuando se las llama por ser aspirantes, dicen que no pueden salir porque han dado a luz o por su trabajo, o incluso no les interesa porque ya han pasado 15 o 20 años y tienen otra edad, pero no hay mucha diferencia entre la lista de espera en hombres y mujeres, están igualados, salen si quieren o si pueden», ha relatado Corrales.
Además, hace unos años la hermandad contaba con una mujer en su junta directiva, caso habitual en otras cofradías.
Es el caso de Montserrat González, que pertenece a la Cofradía del Cristo de la Salud de Cáceres, la cual inició su andadura hace dos décadas en la iglesia de Santo Domingo. Particularmente, esta cofrade lleva desde los años 90 relacionada con los pasos de Semana Santa, una devoción que inició entrada la adolescencia y que continúa en la actualidad.
«A mí nunca me han discriminado por ser mujer, empezamos muy poquitas y nos han cuidado bastante; conozco casos que las han rechazado para cargar, pero ahora ya hay más mujeres que hombres en algunos tramos», ha dicho esta penitente, que vive estas fechas con emoción, alegría y añorando a los seres queridos que ya no están.
Las jóvenes se suman
La joven Paloma Palomo es otro ejemplo de mujer volcada en la Semana Santa, en la Cofradía del Cristo de la Victoria y la Virgen del Rosario, que parte de la Mejostilla de Cáceres y se recoge en la iglesia de San Juan el Sábado Santo.
«Empecé a ser hermana desde que se fundó la cofradía en 2009, con ocho años, y ahí sigo a tope con todo y cada vez más cerca (ahora tiene 26 años). La cofradía es algo que necesita mucho tiempo y muchas manos», ha confesado esta hermana de carga, tapada por la capelina durante la procesión.
Para Paloma, la realidad femenina en las cofradías está «en auge».
«Me he sentido súper acogida por mis compañeros de la cofradía, somos 50 % mujeres y cada vez somos más, eso es lo bonito, que esto sigue adelante y con la misma esencia, desde el cariño y la fe, son emocionantes las procesiones», ha concluido.



