Hornachos, Llera y Llerena: 20 puntos con micrófonos para esclarecer el caso de Francisca Cadenas
Los acusados por la muerte de Francisca Cadenas han sido trasladados a un centro penitenciario Sevilla II. Se trata de los hermanos Juli y Lolo González, quienes se encontraban hasta ahora en la prisión de Badajoz.
Así lo ha adelantado Canal Extremadura y confirmado Onda Cero Sur Extremadura. Por motivos de seguridad, ambos ya se encuentran en otra comunidad, aunque no se ha precisado cuál. El nuevo destino sería Sevilla 2 en Morón de la Frontera.
Los hermanos solicitaron la semana pasada el traslado a un módulo de aislamiento ante el temor a sufrir agresiones físicas o verbales por parte de otros presos.
El Reglamento Penitenciario contempla esta medida como temporal, aplicable “cuando es preciso para salvaguardar la vida o integridad física del recluso”.
Hornachos, Llera y Llerena: 20 puntos con micrófonos para esclarecer el caso de Francisca Cadenas
La investigación sobre la desaparición de Francisca Cadenas desplegó uno de los dispositivos de vigilancia más intensivos registrados en la zona, con la instalación de micrófonos ambientales en hasta una veintena de enclaves de Hornachos, Llera y Llerena.
La estrategia, dirigida por los agentes de la UCO, tenía un objetivo claro: captar cualquier indicio que permitiera esclarecer el caso.
Durante meses, los hermanos Julián y Manuel González fueron sometidos a una vigilancia constante, día y noche.
Convencidos de que podían haber ocultado el cadáver en algún punto del entorno, los investigadores rastrearon meticulosamente sus movimientos y solicitaron autorización judicial para intervenir los lugares que frecuentaban con mayor asiduidad. Los agentes colocaron micrófonos en la casa de la calle Nueva número 3, donde vivían los dos hermanos.
En la investigación se utilizaron también «micrófonos digitales direccionales», para escuchar conversaciones que mantenían los hermanos con otras personas en calles, terrazas de bares y otros lugares que frecuentaban.
El despliegue técnico se concentró especialmente en espacios públicos.
Trece de los veinte puntos bajo escucha eran bares y restaurantes repartidos entre las tres localidades, convertidos en escenarios clave ante la posibilidad de que los sospechosos mantuvieran conversaciones comprometedoras en entornos aparentemente cotidianos.
Pero la red de micrófonos fue mucho más allá. También se instalaron dispositivos en lugares estratégicos como el aparcamiento de la Ermita de los Remedios, la gasolinera de la cooperativa municipal, la báscula y su aparcamiento, las inmediaciones del Corralón, el centro de interpretación de la naturaleza Sierra Grande de Hornachos y el histórico Pilar de Palomas, una infraestructura hidráulica de origen mudéjar.
Entre los puntos vigilados figuraba asimismo el cementerio municipal y sus accesos, que atrajeron especialmente la atención de los investigadores. Según consta en el sumario, en octubre de 2024 Julián González acudió en dos ocasiones al camposanto, permaneciendo menos de quince minutos en cada visita.
Ese mismo mes, su hermano Manuel también fue observado en el lugar, donde descansan familiares directos, hecho corroborado por los agentes tras examinar las lápidas.
Las visitas al cementerio continuaron en febrero de 2025.
Los días 13 y 25 de ese mes, ambos hermanos volvieron a acudir, un comportamiento que los investigadores calificaron de “llamativo”. Estas visitas coincidieron con un momento de gran tensión en la localidad, tras la reconstrucción de los hechos llevada a cabo por la Guardia Civil frente a la vivienda de los sospechosos.
En sus informes, los agentes apuntan a que dicha presión policial pudo influir en estos desplazamientos, sugiriendo que los investigados podrían haber sentido la necesidad de acudir al cementerio “por algún motivo”. Un detalle más dentro de una compleja investigación en la que cada movimiento, cada conversación y cada silencio fueron objeto de escrutinio.
Los investigadores pidieron permiso al juez para colocar micrófonos ambientales en esos 20 lugares y también para grabar los posibles encuentros y conversaciones que Julián y Manuel González pudieran mantener allí con alguno de los 34 vecinos considerados también de interés. Entre ellos, los dos hermanos de Julián y Manuel, su cuñada y sus sobrinas.



