Las reservas hídricas superan el 62 % de su capacidad total, con volúmenes muy superiores a los de 2025, lo que garantiza el suministro y reactiva el debate sobre el regadío de Tierra de Barros

Las reservas hídricas de Extremadura atraviesan uno de los mejores escenarios de la última década. A fecha 19 de enero de 2026, los embalses de la región almacenan 9.011 hectómetros cúbicos, lo que representa el 62,4 % de su capacidad total, una cifra muy superior a la registrada en el mismo periodo de 2025 y claramente por encima de la media de los últimos diez años.

Este elevado nivel de almacenamiento ha provocado que varias presas de la región se encuentren ya desembalsando agua de forma controlada, como consecuencia de la continuidad de las lluvias y de la necesidad de garantizar la seguridad de las infraestructuras y la correcta regulación de los caudales. Una situación que evidencia la solidez del sistema hidráulico extremeño y su capacidad para gestionar episodios de abundancia hídrica.

Evolución positiva en la cuenca del Guadiana

Por cuencas, la evolución más destacada se produce en la cuenca del Guadiana, que registra un incremento del 20,5 % respecto al año anterior. Esta mejora responde, entre otros factores, a una menor presión para la producción hidroeléctrica en comparación con la cuenca del Tajo, lo que ha permitido conservar mayores volúmenes de agua embalsada.

De mantenerse la actual tendencia de precipitaciones durante el invierno y la primavera, no se descarta que los desembalses preventivos continúen en las próximas semanas, siempre bajo criterios técnicos y de seguridad.

Las presas, infraestructuras clave para la regulación del agua

Para el catedrático de Ordenación del Territorio de la Universidad de Extremadura, Julián Mora Aliseda, la situación actual confirma la función estratégica de las presas. “Las presas siguen siendo esenciales para garantizar el abastecimiento, regular avenidas, apoyar al regadío y contribuir a la producción energética”, señala.

El experto subraya que estas infraestructuras permiten amortiguar los efectos de los fenómenos climáticos extremos, tanto las sequías prolongadas como los episodios de lluvias intensas. “La alternancia de años húmedos y secos explica que muchas presas se construyeran en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, e incluso existen ejemplos que se remontan a época romana, por las mismas razones climáticas”, recuerda.

Un contexto favorable para el regadío de Tierra de Barros

En este escenario de embalses en niveles elevados y desembalses controlados, Mora Aliseda considera que existen condiciones objetivas para abordar nuevos proyectos de regadío. “Hay suficientes recursos hídricos para emprender nuevos regadíos”, afirma, señalando de forma directa al proyecto de regadío de Tierra de Barros, una demanda histórica del sector agrario extremeño.

A su juicio, este tipo de actuaciones “no solo son posibles, sino coherentes con un sistema hidráulico que ha demostrado su capacidad para gestionar tanto sequías cíclicas como episodios de lluvias intensas”.

Datos que refutan los escenarios más pesimistas

Las cifras actuales, concluye el catedrático, desmienten las previsiones más alarmistas sobre la disponibilidad de agua en Extremadura. “Los datos actuales desmienten por su evidencia los escenarios apocalípticos”, subraya, insistiendo en la necesidad de basar el debate hídrico en datos objetivos, planificación técnica y una visión estratégica del territorio.

Garantía hídrica y planificación de futuro

La situación actual de los embalses refuerza la capacidad de Extremadura para garantizar el suministro hídrico, impulsar el desarrollo agrario y afrontar los retos del cambio climático desde una gestión responsable del agua. El equilibrio entre almacenamiento, desembalses preventivos y planificación a largo plazo abre una oportunidad estratégica para el desarrollo sostenible de la región.