En teoría, productos tan emblemáticos como el aceite, la aceituna o el vino, y en menor medidas conservas y zumos, verán aumentados sus aranceles en un 15% y verán encarecidos sus precios en EEUU, aunque el acuerdo establece también pero se establezca un límite máximo, lo que garantiza que no habrá una escalada arancelaria posterior.

Estados Unidos y la Unión Europea han alcanzado un acuerdo comercial que establece unos aranceles del 15% a los productos comunitarios, incluyendo los agroalimentarios, aunque se abre la puerta a que algunos de ellos, que se consideren estratégicos puedan quedarse con un arancel cero.

De hecho, el Comité Europeo de Empresas Vitivinícolas (CEEV, por sus siglas en francés) ya ha pedido a la Unión Europa y a Estados Unidos que en su acuerdo comercial definitivo el vino sea de arancel cero.

EEUU es importante para las empresas agroalimentarias españolas tanto en facturación como en lo que significa como mercado de alta rentabilidad, pero este acuerdo, que a falta de conocer los pormenores del mismo, a los únicos sectores que favorecen es al automovilístico alemán y, en principio, a las farmacéuticas, incluidas las españolas.

Cómo afecta a España

La firma de un acuerdo pone fin, por el momento, al conflicto comercial entre Bruselas y Washington. España era uno de los países menos afectados, mientras que Alemania, Irlanda o Países Bajos tenían  las de perder de forma directa. Solo alrededor del 5% de las exportaciones españolas tienen como destino EEUU, ciertos sectores nacionales se verán más comprometidos ante el nuevo escenario.

Los más vulnerables serán el agroalimentario —con especial atención al aceite de oliva y al vino—, el sector de maquinaria eléctrica, así como diversas manufacturas como el vidrio y los productos metálicos. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco de España coinciden en que el efecto directo sobre el crecimiento económico será moderado, con una previsión de impacto entre el 0,1% y el 0,15% del PIB, debido al limitado peso del comercio bilateral.

Sin embargo, al tratarse de un mercado único, la Unión Europea no permite aplicar tarifas distintas por país, lo que hace que industrias españolas integradas en cadenas de suministro europeas —como la de componentes para automoción— también acaben viéndose afectadas.

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